La novela profética que anticipó una pandemia por coronavirus en China

.- La literatura de anticipación o “Literatura profética” es un concepto que no es nuevo y tiene su máximo exponente en un autor como Julio Verne, en cuanto a tragedias y textos profético he escrito mucho y conocía de la novela de la que le quiero escribir teniendo como protagonista al coronavirus de China.

Es lo que sucede con una novela de terror escrita por el estadounidense Dean Koontz (1945). Se publicó hace 40 años y habla de una virulenta epidemia que recuerda a la que se vive en la ciudad de Wuhan.

En es Wuhan, en la capital de la provincia de Hubei, la zona cero del coronavirus de China, donde Dean Koontz ubica el foco donde surge su literario virus dentro de la novela ‘The Eyes of the Darkness” (“Los ojos de la oscuridad”, 1981). Allí nace una misteriosa enfermedad que sólo afecta a seres humanos y que es una “poderosa arma biológica” desarrollada en unos laboratorios ubicados en las afueras de esta ciudad china.

En la novela de Koontz un científico chino llamado Li Chen lleva a los Estados Unidos una cepa del virus, desarrollado en los ‘laboratorios RDNA’ teniendo como base una cepa de más de 400 microorganismos artificiales, el virus es denominado como “Wuhan-400”.

“Al igual que la sífilis, Wuhan-400 no puede sobrevivir fuera de un cuerpo humano vivo por más de un minuto, lo que significa que no puede contaminar permanentemente objetos o lugares enteros como el ántrax y otros virulentos microorganismos”, puede leerse en la novela.

Quien padece el virus muere “perece poco tiempo después, tan pronto como la temperatura del cadáver descienda por debajo de 86 °F (el equivalente a 30º C)”.

“Por un lado, una persona puede convertirse en portador infeccioso solo cuatro horas después de entrar en contacto con el virus -un periodo relativamente corto-; y una vez infectado, nadie vive más de 24 horas. La mayoría muere en doce”.

“Si te estoy entendiendo bien -responde otro científico en la novela- los chinos podrían usar el Wuhan-400 para borrar una ciudad o un país (…). Lo probaron en Dios sabe cuántos presos políticos. Nunca pudieron encontrar a un anticuerpo o un antibiótico que fuera efectivo contra eso. El virus migra al tejido cerebral y allí comienza a segregar una toxina que destruye la parte del cerebro que controla todas las funciones automáticas del cuerpo hasta que la víctima deja de tener pulso o cualquier necesidad de respirar” relata un personaje en la novela.

El hecho premonitorio de Koontz es fijar en Wuhan, en 2020, el epicentro de un virus que inquieta al mundo. Puede que sólo sea causalidad o, tal vez, no…

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