La máquina que recreó la monstruosa ola de Draupner, de 25 metros de altura

En 1995 una ola errante golpeó una plataforma petrolífera del Mar del Norte. Este año, las instalaciones del simulador «FloWave», de la universidad de Edimburgo, reprodujo la ola a escala

Durante siglos los marineros han alimentado la imaginación de grandes y pequeños, de todos aquellos que estaban dispuestos a escucharles e invitarles a una ronda de ron. Narraban con todo tipo de detalle historias de olas monstruosas que aparecían de forma repentina y que azotaban de forma salvaje sus barcos.

Ante la falta de evidencia científica y como con cada historia el tamaño de la olas crecía, se asumía que eran simplemente eso, relatos imaginarios. Sin embargo, no eran ninguna fábula, eran reales.

La gran ola de Kanagawa

La evidencia iconográfica más antigua la tenemos en el arte japonés: «La gran ola frente a las costas de Kanagawa». Se trata de un grabado de madera realizado a comienzos del siglo XIX y que se ha convertido en el símbolo por excelencia del arte nipón.

Fue realizado por el pintor y grabador Katsushika Hokusai (1760-1849) y forma parte de una serie de 36 visitas del monte Fuji. La imagen se conoce como ukiyo-e (pintura del mundo flotante).

Representa a un océano Pacífico encabritado, con olas monstruosas que amenazan con engullir a tres barcos pesqueros, los que en aquella época se empleaban para transportar el pescado vivo.

Una ola errante monstruosa

A mediados del siglo XX surgió una teoría que se bautizó como interferencia constructiva que, básicamente, defendía que el tamaño de una ola se podía calcular sumando la altura de las olas originales. Evidentemente, esta explicación es insuficiente para explicar las olas gigantes.

En 1995 una enorme ola, de más de veinticinco metros de altura, abatió la plataforma petrolífera de Draupner, en el Mar del Norte. Se trataba de una ola monstruo o vagabunda, una ola inusualmente grande que se genera sin motivo aparente.

Este tipo de olas, también llamadas errantes, tienen una altura dos veces mayor que la media de las olas más grandes que hay en ese momento y, a diferencia de los tsunamis, no existe ningún tipo de actividad sísmica que las pueda explicar.

A partir de entonces los científicos han conseguido identificar tres clases diferentes de este tipo de olas: las murallas de agua (viajan miles de metros antes de desaparecer), las tres hermanas (aparecen en tríos) y las solitarias (las más grandes de todas pero las de menor duración).

Ante estos hallazgos, algunos oceanógrafos defienden la hipótesis que este tipo de olas podrían ser las responsables de la desaparición de decenas de barcos en el misterioso Triángulo de las Bermudas.

Ahora también en el laboratorio

Lo que parece menos venturoso es que este tipo de olas hayan sido las responsables del hundimiento de más de doscientos superpetroleros y barcos mercantes de más de 200 metros de eslora que se hundieron en condiciones climatológicas adversas.

Hace unos meses un grupo de científicos de las universidades de Oxford y Edimburgo aportaron su granito de arena al conseguir recrear por vez primera en un laboratorio la ola de Draupner. Para ello utilizaron el tanque de mareas y olas circulares más grande del mundo –el « FloWave»–.

Básicamente, se trata de un depósito de hormigón circular, de unos veinticinco metros de diámetro, cinco de profundidad y con una capacidad de casi dos millones y medio de litros de agua dulce.

En este momento el «FloWave» –en la universidad de Edimburgo– es la única instalación capaz de recrear las condiciones oceanográficas reales en cualquier ubicación y estado del mar. Con este simulador los expertos esperan poder predecir en el futuro las olas monstruosas a través del análisis de los patrones de oleaje.

M. Jara
M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

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