AZÚCAR EN UN METEORITO

El azúcar en un meteorito puede tener la clave de la vida en la tierra

La aparición de un azúcar, la ribosa, en un meteorito proporciona indicios del posible origen extraterrestre de la vida en el planeta

El consumo abusivo del azúcar y sus derivados están provocando una auténtica epidemia de obesidad y diabetes. Tenemos que moderar su consumo y más ahora porque… ¡aparece hasta en los lugares más insospechados! Como por ejemplo en meteoritos. Así lo confirma un estudio realizado por un equipo internacional de científicos (Furukawa, 2019) publicado en PNAS.

Por supuesto, estos meteoritos están muy lejos de parecerse al carbón dulce que en ocasiones dejan los Reyes Magos en el Árbol. Eso sí, los azúcares detectados son muy especiales porque algunos de ellos resultan fundamentales para la vida tal y como la conocemos. Arabinosa o xilosa son algunos de ellos y proceden de dos meteoritos: NWA 801, una condrita carbonacea tipo CR2, y Murchison, otra condrita carbonacea, está vez del tipo CM2.

EL AZÚCAR DEL ADN

De todos los azúcares detectados, destaca sobre todo el hallazgo de ribosa, un compuesto clave en el ARN (ácido ribonucleico), un ácido nucleico que copia las instrucciones genéticas del ADN (ácido desoxirribonucleico) para ser entregadas a los ribosomas y así sintetizar las proteínas que resultarán esenciales para la vida. Con este hallazgo, los azúcares se suman a la creciente lista de compuestos procedentes del espacio que resultan biológicamente relevantes.

Imagen: PNAS/Furukawa et al.

El equipo descubrió los azúcares analizando muestras de polvo de estos dos meteoritos mediante el análisis GC-MS (cromatografía de gases combinada con espectrógrafo de masas) que clasifica e identifica las moléculas tanto por su masa como por su carga. Descubrieron que la abundancia de ribosa y otros azúcares oscilaba entre 2,3 y 11,0 ppb (partes por mil millones) en el NWA 801 y entre 6,7 y 180,0 ppb en el Murchison.

¿CONTAMINACIÓN?

Por supuesto se analizaron para ver si los azúcares detectados se añadieron en la Tierra y no en el espacio, es decir, para ver si hubo contaminación de azúcares en los meteoritos. Para ello analizaron los isótopos de los azúcares detectados. El resultado fue que los azúcares de los meteoritos estaban notablemente enriquecidos del isótopo 13 del carbono, cuando la mayoría de los azúcares en la Tierra apenas tienen ese isótopo. Aquí predomina su variedad más ligera, el isótopo 12. Esto respalda la conclusión de que provienen del espacio.

EL ORIGEN EXTRATERRESTRE DE LA VIDA

«Anteriormente se habían encontrado en meteoritos componentes básicos para de la vida, incluyendo aminoácidos y nucleobases, pero los azúcares eran una pieza que faltaba», explica Yoshihiro Furukawa de la Universidad de Tohoku (Japón), autor principal del estudio. «Es la primera evidencia directa de ribosa en el espacio y su posterior impregnación en la Tierra», añade Furukawa.

¿Cómo la biología pudo haber surgido de procesos no biológicos? Es una pregunta que surge cuando se comienza a investigar el origen de la vida. La pregunta también puede enfocarse de otro modo que recuerda al típico «¿qué fue antes, el huevo o la gallina?», aunque en este caso la pregunta sería: ¿qué fue antes, el ADN o el ARN? Mientras que el ADN contiene las instrucciones sobre cómo construir un organismo vivo, el ARN puede transportar información. Muchos investigadores creen que evolucionó antes y luego fue reemplazado por el ADN.

Imagen del meteorito MWA 801 || Fuente: meteor-center.com

Además, las moléculas de ARN tienen una capacidad que no posee el ADN: puede hacer copias de sí mismo sin ayuda de otras moléculas. «Los azúcares del ADN (2-desoxirribosa) no se detectaron en ninguno de los meteoritos analizados», dijo Danny Glavin del GSFC (Goddard Space Flight Center) de la NASA, coautor del artículo. «Esto es importante ya que podría haber un sesgo de entrega de ribosa extraterrestre a la Tierra primitiva, lo cual es consistente con la hipótesis de que el ARN evolucionó primero».

ESPERANDO LOS NUEVOS DATOS

Otro coautor del artículo, Jason Dworkin también del GSFC, reflexiona sobre la realidad de «poder detectar una molécula tan frágil como la ribosa en un material tan antiguo». Dentro de poco, estos datos serán complementados con los que recibamos de los asteroides Ryugu y Bennu que han sido estudiados por las sondas Hayabusa 2 de JAXA y OSIRIS-REx de la NASA. Y aunque con todos los datos no podamos conocer todavía cómo surgió la vida en la Tierra, estaremos más cerca de saberlo.

Fuente: QUO.es

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