VAS A ADOPTAR UN PERRO? ENTONCES TIENES QUE LEER ESTO…

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16 September, 2018 Desactivado Por gdsradio
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Tras la adopción de un perro se abre un camino en el que la integración no siempre es posible. Los expertos recomiendan cómo actuar para que la noble acción no se convierta en una pesadilla.

Imagen de perro adoptado

Gonzalo Vega se enfrentó a un difícil momento cuando devolvió a Yuma a la protectora de donde la había recogido seis semanas antes. Yuma es una perra sociable, obediente, dócil… O eso parecía. ¿Cuál fue el problema? “La adoptamos antes de vacaciones –explica–. Su comportamiento fue ejemplar todo el verano, pero cuando volvimos a trabajar empezaron las dificultades. Se subía a los muebles, tiraba las cosas, se comía lo que encontraba…”.

Gonzalo, informático, ya había tenido perro anteriormente, un american staffordshire terrier fibroso que murió hace nueve años. Cuando él y su mujer decidieron adoptar una mascota, valoraron la ventaja de vivir en una casa con patio. No tardó mucho Yuma en aprender a abrir la puerta y volcar las macetas y jardineras que allí se encontraban. “Los perros son animales gregarios”, explica Paula Calvo, etóloga y doctora de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona. “No saben estar solos. Hay que darles alternativas para que puedan entretenerse durante ocho o diez horas diarias. Pensemos en nosotros mismos mirando las paredes y sin hacer nada durante tanto tiempo. En el caso de los perros, tenemos que enseñarles a ser autónomos y trabajar esa ansiedad”.

Objetivo, reducir el estrés

Un estudio publicado en Journal of the American Veterinary Medical Associationllama la atención sobre el valor de la convivencia con un perro adulto para la socialización de los cachorros. Según Mohan-Gibbons y Weiss, coautoras del trabajo, si bien esta medida aporta algo de luz, la cohabitación entre canes y humanos sigue ocupando un lugar destacado en las preocupaciones de los investigadores.

Hasta los seis meses de convivencia con la familia, los perros no terminan de ser ellos mismos

Entre ellas está el trastorno obsesivo-compulsivo en canes. Nicholas Dodman, director de la Clínica de Conducta de la Escuela Cummings, sostiene que las mascotas, al igual que los seres humanos, pueden sufrir un síndrome de trastorno obsesivo-compulsivo a consecuencia del estrés o la ansiedad que a veces conlleva la convivencia. Dodman argumenta que es posible tratar estas alteraciones con cambios ambientales que pueden llegar a incluir la administración de Prozac. “Los medicamentos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, como la clomipramina y la fluoxetina (Prozac), se usan para abordar trastornos compulsivos en mascotas –apunta su colega Borns-Weil– aunque, como ocurre en los seres humanos, a veces no proporcionan mejoras”. En un estudio publicado en Journal of the American Veterinary Medical Association se analizó la eficacia de la fluoxetina en los desórdenes compulsivos en 63 perros. Después de 42 días de tratamiento, se observó una reducción del trastorno compulsivo, aunque también desgana y letargo suave.

Cuándo adoptar

Plantearse la convivencia con un perro cuando se trabaja todo el día fuera de casa no tiene mucho sentido, en palabras de la etóloga Paula Calvo. Uno debe estar seguro de poder dedicarle el tiempo suficiente y tener una vivienda y recursos que se ajusten a sus necesidades.

Antes de ceder un animal, las protectoras someten a las familias a una entrevista personal o un cuestionario para valorar su idoneidad. Alrededor del 20 % de los adoptantes son rechazados por diferentes causas. “Hay veces que no cumplen los mínimos requisitos o no se adecúan al carácter del animal. En estos casos, la adopción no se lleva a cabo”. Es lo que le pasó a Gonzalo con un primer y fallido intento de adopción antes de Yuma, con todo el drama que eso conlleva.

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Los perros adoptados han tenido un papel fundamental en el desarrollo de investigaciones y experimentos

Los sentimientos de los perros hacia las personas han dado origen a muchos estudios. Según Paula Calvo, son capaces de sentir alegría y tristeza, además de tener un fuerte vínculo con la raza humana. Tradicionalmente han buscado nuestro amparo, y se cree que fue la primera especie domesticada. Para la mayoría de los antropólogos, la convivencia data de hace 30.000 años. Fue entonces cuando el hombre valoró las ventajas que proporcionaba aquel animal: le servía para ir de caza, protegía el ganado de otras alimañas… Esa visión utilitarista se ha mantenido durante toda nuestra historia y ha tenido en el siglo XX dos grandes exponentes: los experimentos de Iván Pávlov, que utilizó canes para evaluar las conexiones de estímulo-respuesta animal, y el lanzamiento del Sputnik 1 en 1957 con Laika a bordo. En el primer caso, Pávlov utilizó repetidamente una campana para llamar a sus perros a comer. Con el tiempo, logró que salivaran por el mero hecho de escuchar la llamada. El caso de Laika, una perra callejera de Moscú, fue más dramático porque, a pesar del entrenamiento que recibió, no logró sobrevivir al sobrecalentamiento de la nave.

Esta visión tradicionalista sobre los orígenes de la relación entre el hombre y el perro, sin embargo, ha empezado a ser cuestionada por los etólogos y antropólogos. Tras el estudio de la tribu de los machigüenga del Amazonas y otras que han vivido como en el Neolítico se ha descubierto que, de forma natural, el ser humano ha criado cachorros de otras especies. Y lo ha hecho por un sentimiento de empatía y proximidad. Algunos estudios, publicados en Science Mag y liderados por investigadores de la Universidad de Turku, en Finlandia, explican esta coevolución en la que las personas adoptaron inicialmente como mascotas a lobeznos que, a su vez, fueron adaptando su sistema digestivo a la ingesta de cereales y otros alimentos típicos de nuestra especie. “El ser humano es empático con otras especies”, explica Paula Calvo. Es ese sentimiento de protección el que está detrás de muchas adopciones.

Completar el círculo

Pablo González y Patricia Ceniceros, un matrimonio con dos hijos, se habían prometido a sí mismos no volver a tener una mascota por las servidumbres que conlleva. Maruxa, una bóxer pacífica, formó parte de su familia durante 13 años, hasta que murió en 2016. Un año después, una perra alana ocupará su lugar. “Me faltaba algo –explica Patricia, especialista en moda–. Necesitaba completar el círculo en la familia. Y no solo por eso, también es bueno para los niños: les ayuda a crear valores, a asumir responsabilidades”.
Un domingo, los cuatro miembros de la familia se fueron a una feria de adopción de perros en el Retiro de Madrid. Allí estaban Bruna y sus cuatro hermanos. Todos con seis meses de vida y todos saltimbanquis… excepto Bruna. “Nos conmovió su forma de ser. Si no la adoptábamos nosotros, nadie lo haría”, dice Patricia para justificar su elección.
Todos los expertos señalan que es importante fijarse en el carácter del animal. A veces hay ejemplares muy bellos que no son aptos para gente sin experiencia por su timidez o su incapacidad para ir sujetos por la correa; otros tienen una personalidad marcada poco apropiada para familias con niños… Las tipologías son muchas.

Un ataque de susto

Cuando la recién adoptada Bruna llegó a su nuevo domicilio, su retraimiento aumentó. “Todo era desconocido para ella –aclara Pablo, cámara de televisión–. Se pasaba el día escondida, le daban miedo los ruidos. Había nacido en la protectora y apenas había tenido contacto con personas. Se aterrorizaba con el sonido de la televisión, el movimiento de una silla, al pasar por una habitación donde no había entrado antes…

Un estudio llevado a cabo por Emily J. Blackwell y publicado en Applied Animal Behaviour Science evaluó las reacciones de los perros ante diferentes sonidos. Blackwell y su equipo concluyeron que el miedo y la ansiedad están detrás las muestras de sobresalto extremo ante ruidos como el tráfico rodado o el de un televisor. Sin embargo, su cerebro reacciona de forma similar al nuestro cuando escucha voces humanas, según la Universidad Eötvös Loránd de Hungría.

La falta de socialización es una de las causas que pueden dificultar la integración, según Paula Calvo. “Los perros de tienda son los más afectados por este síndrome. El origen suele estar en que no han pasado con la madre y los hermanos el tiempo suficiente. Los que se comercializan, además, suelen estar confinados”, apostilla.

En los refugios se apoyan en voluntarios para reforzar el vínculo con las personas. Los canes a veces tienen un terrible miedo a la calle porque nunca han estado en un entorno urbano (Pablo reconoce que el espanto de Bruna cuando sale de casa es aún mayor que en su interior).

“Ese es el momento de buscar la ayuda de un etólogo –sugiere Paula Calvo–. “El tratamiento es el mismo que cuando una persona sufre alguna fobia. Por mucho que quiera superarlo, necesita la ayuda de un especialista. Con los perros pasa lo mismo. No se pueden forzar situaciones, igual que está contraindicado meter a un aracnofóbico en un cuarto lleno de arañas. El estilo inmersivo no sirve, solo sensibiliza aún más. Hay que ir presentando el estímulo progresivamente. Debe sacarse el perro a pasear cuando  los ruidos sean mínimos”.

Fácil integración

“Frente a los perros con falta de contacto con el ser humano, los que han sido abandonados pero han tenido relación previa con personas son, en principio, más fáciles de integrar en el entorno familiar.

En 2016 se abandonaron 104.447 perros en España, según la Fundación Affinity. El tiempo medio de permanencia en la protectora fue de tres meses y la adopción se acercó al 50 % del total de abandonados ¿Y el resto? Nuestro país es un suministrador de mascotas a otras naciones en las que no es fácil encontrar ejemplares en adopción. Alemania, Francia, Suiza y Bélgica son zonas receptoras. “Además de tener una regulación precisa, están muy concienciados con la responsabilidad que supone tener un animal, –dice Irene Herrero, de ANAA (Asociación Nacional Amigos de los Animales)–. Son sociedades en las que las mascotas están bien vistas en los bares, restaurantes, transportes públicos…”.

Distinta tabla de medir

“En España, la disparidad de reglas y normas en función de las comunidades autónomas es muy dispar, con multas por abandono que van de 150 a 15.000 euros. En la de Madrid se ha aprobado recientemente una nueva Ley de Protección Animal que establece el sacrificio cero. “Por una parte, está bien, pero por otra nos han trasladado a las protectoras un problema, al tener que dar acogida a todo ese excedente. Antes se sacrificaban unos 6.000 animales al año, ahora hay que acogerlos y las instalaciones están saturadas. Apenas hay subvenciones. Nos financiamos sobre todo con las aportaciones de los socios”, se queja Irene Herrero. De ahí que la adopción sea una de las vías de salida, aunque tras ella haya un difícil camino que recorrer.

Es la oportunidad que tienen los perros de mejorar sus calidad de vida. En CITA Terapias y Animales sostienen que las alteraciones de conducta (agresión, destructividad, ansiedad) que muestran algunos ejemplares tras su adopción son signo de que las necesidades no fueron cubiertas en el pasado o no lo son en el presente. Paciencia es la primera recomendación que los expertos piden. “Hay que pensar que hemos introducido a los animales en una sociedad que no es la suya, donde tienen que respetar rutinas, normas y horarios que no están dentro de su etología”, dicen en CITA.

Hasta los seis meses de convivencia los perros no terminan de ser ellos mismos. Es importante, para que este periodo no se alargue, que el adoptante mantenga su actitud invariable, con mensajes unívocos y precisos, aunque el tiempo de adaptación varía en función de la vulnerabilidad genética y de la edad. “Con los cachorros es más difícil. Son como bebés a los que hay que acostumbrar poco a poco. Al principio, hacen caso, pero luego…” opina Irene Herrero. Es una labor de aprendizaje paulatino.

¿Joven o adulto?

¿A qué edad se adapta mejor la mascota? Con un cachorro se puede influir en su socialización y acostumbrarlo a la gente, a los ruidos…. En adultos, sin embargo, el temperamento está hecho, aunque también tienen muchas rutinas aprendidas y eso puede ser de gran ayuda.

Pablo y Patricia optaron por uno de seis meses porque querían una mascota “que les durara”. Bruna lleva un mes con ellos y ya no se esconde debajo del sofá cada vez que llegan a casa. Aunque les queda mucho por recorrer, saben que la integración total se terminará alcanzando. En el caso de Gonzalo y Yuma… bueno, mañana la recogerá de nuevo en la protectora. Va a volverlo a intentar.