La teoría del ‘tiempo fantasma’: ¿en qué año estamos realmente?

La teoría del ‘tiempo fantasma’: ¿en qué año estamos realmente?

29 April, 2018 0 Por gdsradio
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¿Qué día es hoy?

¿En qué fecha estamos?

Son preguntas que el hombre se ha hecho desde siempre.

A lo largo de la historia, se han conocido más de cincuenta calendarios diferentes.

En el mundo globalizado de hoy parece imposible que las personas no vivamos en el mismo año.

Pero en el pasado, cada civilización tenía su propia manera de medir y contar el tiempo, de acuerdo con sus referencias históricas particulares.

Esa es la razón por la que es complicado establecer un punto de partida común a todas las culturas.

Además, durante la mayor parte de la historia de la humanidad,  documentar lo que sucedía y cuándo sucedía no estaba al alcance de todo el mundo.

La cronología estándar actual comenzó a crearse recién a principios del siglo XVII.

Hay una gran brecha temporal que permanece prácticamente indocumentada.

De ahí que algunos expertos aleguen que las cosas no pasaron cuando dicen que pasaron, que las fechas no cuadran.

¿Y si todo lo que sabemos sobre nuestra historia es inexacto?

¿Y si no estamos en el año en que creemos estar?

Es cierto que el tiempo es relativo pero, ¿tanto?

Algunos teóricos han formulado la teoría de que no vivimos en el año 2018, sino en el 1721.

Por ejemplo, los historiadores alemanes Heribert Illig y Hans–Ulrich Niemitzquienes  descubrieron que, entre los siglos VIII y XI no ocurrió prácticamente nada, y que todos los documentos que datan de esa época son evidentemente falsos.

A estos 300 años “de más” en nuestra historia se los  denominó “el tiempo fantasma”.

Pero para que este tremendo desfase temporal  ocurriera, alguien tuvo que cambiar las fechas.

Y así fue: en algún momento del siglo VIII, el emperador Otón II se alió con el Papa Silvestre II para cambiarlas, con el fin de acumular poder y riquezas, naturalmente.

Entonces, presuntamente, la arquitectura, el arte, todo parece haber sido paralizado hasta 300 años después.

Cabe preguntarse cómo se logró mantener una mentira de esta naturaleza.

Y la respuesta es que,  en esa época, las tasas de analfabetismo eran del 99%.

A esto se suma que la escritura de los códices estaba a cargo del poder eclesiástico, aliado de los precursores de esta gran mentira llamada ‘historia’.

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